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Oakmont, la prueba de golf más difícil de USA

Javier Pintos 01 may 2020

En primera persona, Javier Pintos, Director de Wegolf, nos cuenta cómo es jugar en Oakmont Country Club. Una experiencia para todos los sentidos.

Oakmont Country Club es uno de los mejores campos de golf privados del mundo (rankeado top 5 en USA hace decadas) y junto con Carnoustie, una de las pruebas más serias que tienen los Majors del circuito profesional.

Por ello, por mi afán de jugar y conocer los mejores campos del mundo, y mi pasión por el diseño y la historia del golf, visitar ese club estuvo en mi cabeza desde 1994, cuando Arnold Palmer decidió jugar su último U.S. Open y un joven Ernie Els se destapó para ganar el primero de sus cuatro Majors.

En 2007 sucedió algo tan fuerte para el golf latinoamericano (sumado a mi admiración por Ángel Cabrera), que las ganas de ir a Oakmont se multiplicaron. Despacio, con paciencia y creatividad, busqué la manera de poder entrar a uno de los clubes privados mas exclusivos de USA.

Cabrera fue el único jugador en bajar el par de campo dos veces en el U.S. Open 2007

La edición 2007 del U.S. Open en Oakmont me despertó una inmensa admiración por el campo. Ese año se jugó en condiciones realmente difíciles y los resultados lo reflejaron. El score ganador fue de 5 sobre par y el corte, 10 sobre par.

No era sólo el desafío de golf que me llamaba la atención. Oakmont es un club galardonado como “National Landmark” (monumento histórico), un campo que desde que nació fue especial y que no por casualidad ha dado grandes campeones. Y luego de haber podido ir y jugar dos veces, les garantizo que todo lo que se dice de él es poco. “Oakmont podría ser sede de un U.S. Open mañana mismo”, decía Lee Trevino, y no se equivocaba.

Como suele pasar en estos casos, una seguidilla de hechos casuales y personas con quien tuve la suerte de cruzarme por mi trayectoria en Wegolf, hizo que mi entrada se diera de forma inmejorable, por haber sido invitado Bob por el head Pro de allí y Seminole, y Chick un ex Presidente y multiple campeón de Oakmont. Ser invitado a un lugar así es algo que no suele pasar, y también es un desafío personal: hay que estar listo para poder aprovechar al máximo tanta historia en poco tiempo.

Conocer el club es importante. En su visita a la Argentina (unos meses antes para jugar el Jockey y Olivos) Chick me trajo un libro del club. Leerlo me puso en tema sobre cómo había sido el lugar desde sus comienzos, cómo fue la evolución del campo y cómo luego del Open de 1994 decidieron muy sabiamente volverlo al original, quitando los más de 4000 árboles que habían plantado y nada tenían que ver con el diseño original de Henry Fownes.

Mi vida con el golf me ha llevado a muchos campos especiales, de difícil acceso y las experiencias han sido variadas. Lo particular de mi visita a Oakmont (y otras, como Pine Valley, Merion o Shinnecock Hills) es que no fue solo una vuelta de golf sino que se trató de un fin de semana de 3 días donde pude vivir la experiencia de manera muy completa.

Llegué un viernes a Pittsburgh al mediodía y de camino a Oakmont tuve la enorme suerte de jugar en Fox Chapel (maravilla de Seth Raynor). Fue una previa espectacular antes de mi llegada al club esa tarde alrededor de las 18hs, cuando literalmente me temblaban las piernas de la emoción: estaba por cumplir quizás mi máximo sueño como amante del golf.

Esa primera tarde pude ver algunos detalles del Club House, caminar los greens del 9 y 18 y disfrutar un “Hoyo 19” luego del SWAT del lanzamiento de temporada en una mesa enorme llena de golfistas alegres y ruidosos. Cada frase que pronunciaban dejaba una enseñanza. Estaba cansado, pero todos mis sentidos estaban puestos en absorber cada minuto del fin de semana para poder guardarlo en mi memoria para siempre.

Pasé el fin de semana en lo de Chick, casi como un invitado de honor. Pedir más sería egoísta de mi parte: nos fuimos del club y una cena con su familia me hizo sentir como en mi casa.

El hoyo 18 en Oakmont, recordado por el fenomenal drive que pegó Cabrera para ganar el U.S. Open 2007

El fin de semana fue completo. La recorrida por el club house el sábado a la mañana fue importante para ver cómo un club valora su historia y los eventos que fueron pasando en más de 100 años de recorrido. Los recuerdos de cada campeón del US Open son minuciosamente seleccionados y cada foto elegida tiene su razón de ser. Obviamente, la vitrina con los recuerdos de Cabrera fue la más especial, incluidas las colillas de cigarrillos fumados en esa última ronda. Y hay una foto de Cabrera señalando a Tiger y riéndose con Furyk. Chick me contó la razón de la risa: “I’ll bet you won’t name your daughter Angel” le dijo Furyk a Woods, por su hija Sam Alexis que nacería al día siguiente.

Furyk, Woods y Cabrera en la entrega de premios del U.S. Open 2007

Luego del club house tour, al putting green y a jugar. De mi juego en esa primera ronda sólo diré que todo salió mal, pero poco importa. Jugamos el SWAT clásico del Club y eso es otro honor: ser invitado en uno de los eventos abiertos más importantes de la temporada.

Terminada la ronda, el almuerzo tardío en el Club fue muy especial, e incluyó la visita al vestuario para conocer el lugar de la clásica foto de Ben Hogan agotado luego de ganar el Open de 1953.

Chick es un gran golfista aún hoy a sus casi 70 años. Cindy -su esposa-, además de buena golfista, es una gran cocinera y un salmón al horno fue el final del día perfecto a pesar de los muchos bogeys. Mientras preparábamos la cena y conversábamos sobre la vuelta del día, Chick tuvo un gesto muy paternal: me ayudó a pensar dónde había fallado, qué golpes debí pensar diferente y cómo encarar la segunda ronda al día siguiente. ¡Y dio resultado!

El domingo jugué mi segunda vuelta en un campo totalmente diferente. El sábado había estado firme y rápido, con greens -según Chick- más rápidos que en el US Open 2007. El sábado por la noche y a lo largo del domingo llovió, y sopló viento en dirección contraria. El campo estaba mucho más largo y los greens más blandos.

No tuve mucho tiempo post ronda más que para un almuerzo rápido y replicar la clásica foto de Hogan totalmente agotado. A veces, el cansancio es físico, y otras, emocional. En este caso era emocional: lo vivido había sido mucho más intenso de lo esperado.

El campo:

Chick me contó que Fownes se inspiró en Carnoustie para crear Oakmont (su único diseño). Ambos campos presentan muchas similitudes: el segundo golpe del 1 pendiente para abajo, algunos cortos pares 4 como el 2 contra el 3 de Carnoustie, el par 3 del 8 similar al 16 de Carnoustie, ambos 18 difíciles y largos. Hay muchos detalles incluso en el diseño de bunkers y greens que las hacen “hermanas” separadas por el Océano Atlántico.

Muchas veces es difícil apreciar con plenitud las características de los campos que únicamente vemos por televisión. Sucede con Augusta y sus cambios de nivel. Y también pasa lo mismo con los greens de Oakmont, que son de lo mejor y más exigente que hay en el golf mundial. En el mismo sentido, hay algunos golpes en este campo a las afueras de Pittsburgh en los que la televisión no haría justicia, como la subida del hoyo 3, lo grandes que son los “Church Pews” del crossbunker que dividen los hoyos 3 y 4. También la pronunciada subida del hoyo 9. El rough no es imposible: la pelota se encuentra siempre.

El famoso cross bunker “Church Pews” que separa los fairways del 3 y 4.

Uno de los detalles magistrales de Oakmont es que los hoyos largos son pendiente hacia abajo y los más cortos en subida. Hasta en eso pensó el genio de Henry Fownes.

Es una obra de arte, cuyos bunkers inicialmente tenían unas ranuras profundas producidas por rastrillos especiales que los hacían el más grande castigo a la hora de fallar. Aún un bunker se mantiene así, el de la izquierda del green del 14. Tuve la posibilidad de levantar esos rastrillos y notar que pesan varios kilogramos.

Este enorme rastrillo se utiliza para dejar ranuras más grandes en los bunkers, lo cual hace más difícil el lie cuando la pelota queda allí

Oakmont es especial, por algo fue declarado Monumento Nacional. Haber tenido la suerte de vivirlo por tres días es algo de lo que no puedo estar más agradecido. Son oportunidades que a veces aparecen una vez en la vida y en mi caso fue posible por haber ocurrido en el momento justo. El club es especial, pero el campo lo es aún más, y en conjunto lo hacen quizás la mejor experiencia de golf en USA para aquellos que amamos el golf y lo vivimos con intensidad: siempre buscando aprender todo lo que más de 200 años de historia han hecho que este juego sea realmente grande.

* Javier Pintos es Director de los viajes a medida en Wegolf y ha jugado 9 de los mejores 10 campos de golf en Estados Unidos.

¿Conocías estas historias de Oakmont Country Club?

¿Cuál es el momento que más recuerdas del triunfo de Ángel Cabrera aquí?

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